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AQUÍ COCINAN PARA LOS 1200 ANIMALES DEL ZOOLÓGICO DE CHAPULTEPEC

Este zoológico es responsable de alimentar diariamente 150 especies animales.

 Cuando pensamos en un zoológico, nos vienen dos tipos de asociaciones muy espaciadas entre si. La primera: un fin de semana siendo niño disfrutando de animales salvajes en la ciudad; y la segunda: animales en cautiverio que no están pasando un momento agradable.

 La razón de acercarnos al Zoológico de Chapultepec de la CDMX es saber el estado de salud en el que estaba el mono capuchino que escapó a finales de marzo, y que 14 días después lograron atrapar miembros de esta entidad para poder atenderlo y protegerlo de los peligros urbanos. Actualmente el mono está en cuarentena dentro del zoológico, ha subido cerca de 80 gramos y su recuperación está siendo positiva.

 A partir de esto, y a raíz de la conversación que se ha generado alrededor de los zoológicos —en la que han sido cuestionados desde diferentes ángulos como protección ambiental y método de conservación—, decidimos investigar las condiciones alimenticias a las que se enfrentan estos animales en cautiverio que, en ocasiones, hemos descrito como esqueléticos o raquíticos.

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 Para retratar la situación alimenticia de un animal exótico en la ciudad, tomemos como ejemplo al mono capuchino que escapó el 27 de marzo. Fue visto paseando en las calles de México, particularmente sobre Reforma, donde varios vecinos de la colonia comenzaron a alimentarlo. Los gestos caritativos de los colonos, a pesar de llevar la mejor intención, provocaron que el mono —de un año y medio aproximadamente—, llegara desnutrido y orinando glucosa al Zoológico de Chapultepec, producto de una dieta que a la larga le hubiera provocado diabetes.

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 Esta especie de mono suele moverse en grupos de alrededor de 20 ejemplares, así que su supervivencia en los parques y calles de la CDMX era cuestión de tiempo y suerte. Un dato importante es que en México no existe esta especie de primates, esto quiere decir que el animal fue traído de forma ilegal de algún medio silvestre de la zona centro o sur de América, o sea, de Belice para abajo, o en otro escenario, de un criadero igualmente ilegal.

 La ilegalidad de este mono radicó en su falta de marcador —un chip de rastreo— que permite a la SEMARNAT —Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales— tener un expediente de cada ejemplar, ya que en México es legal tener ciertos animales silvestres si las condiciones son aprobadas por un peritaje de la misma dependencia.

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 Cuando el mono llegó al Zoológico de Chapultepec, su dieta cambió radicalmente: adiós galletas y tortas de tamal; hola ejotes, huevo, apio, chayote y alimento especial para primates —unas croquetas veganas que saben muy parecido a las barras de fibra comercial—. Aquí cabe aclarar que si los dueños iban a buscarlo, terminarían enfrentando cargos como maltrato animal y falta de acreditación de la legal procedencia, razones por las que, como mínimo, hubieran tenido que pagar una multa ante la PROFEPA —Procuraduría Federal de Protección al Ambiente—.

 Cuando se compran estos animales en mercados, sobre todo siendo crías, les forman problemas conductuales; los animales se improntan al humano e identifican a las personas como propias de su especie. Dentro de las implicaciones de esto están la violencia y la agresividad, un comportamiento que se deriva de la frustración sexual de los animales al no poder tener sexo con las personas o animales que los criaron, o sea, a los que se improntaron.

 Aquí surge otra pregunta: ¿existen formas de conservación que no estén dañando la integridad de los animales, o en verdad cualquier forma de cautiverio debería ser condenada? Para llegar al almacén de alimentos y cocina, hay que desplazarse hacía el área de oficinas del zoológico que se encuentra en la segunda puerta izquierda después del acceso general. Una vez dentro de esta área, se encuentra este enorme espacio con una veintena de trabajadores que pesan, separan y preparan las dietas para cada animal.

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 La atmósfera de este lugar es una mezcla sonora de refrigeradores y cuchillos eléctricos, música tropical que sale de una grabadora, sonidos de animales y risas, es una concepción mestiza con los rasgos de una cocina de restaurante lujoso —amplificada diez veces en espacio— y una sala de autopsias impecable.

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 Las dietas para los animales están diseñadas específicamente para cada uno de ellos, dependiendo su condición y especie. Diariamente un veterinario se encarga de revisar toda la comida que llega de fuera para asegurarse de que cumpla con los estándares de calidad, higiene y sanidad, evitando una posible contaminación cruzada; posterior a su análisis, la veintena de trabajadores, todos con sobrenombres animales, se encarga de coordinar los siguientes pasos: porcionar, empaquetar y distribuir.

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 Las actividades en esta cocina comienzan a las 7 de la mañana.

Si deseas hacer tus prácticas en el Zoológico puedes acercarte y preguntar por las vacantes disponibles.

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