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LA SALUD, REFLEJO DE UN NEGOCIO SUSTENTABLE

Las costumbres han cambiado, el modo de vida también y, si bien, tratamos de facilitarnos todo cuanto hacemos, ello ha llevado a un deterioro de vida general.

Hoy parece que nuestra propia existencia y todo cuanto generamos se ha vuelto desechable, así, el uso de productos desechables para el consumo de alimentos, que pareciera lo más importante, cada día se hace más popular.

Como muestra basta mencionar que, de los ocho millones de toneladas de basura que se generan al año en México, 2% son productos desechables, casi todos productos de unicel, un material del que estamos invadidos y que causa un grave impacto en la naturaleza, ya que tarda hasta 500 años en degradarse. Los vasos de “duroport” o unicel, tienen una capa de cera que el hígado no puede eliminar si se ingiere regularmente. El unicel de las orillas internas del vaso, al momento de hervir junto con los ingredientes de la sopa, café o el alimento que contenga, crea microaleaciones que se introducen al intestino. La formación de la costra interna, comienza por el intestino delgado, sigue al grueso hasta el hí- gado; de tal forma, que se puede provocar constipación, mala absorción y cáncer. El problema de este material es que, al entrar en contacto con el microondas, puede generar dioxinas. Las dioxinas son cancerígenas, mutagénicas, persistentes, bioacumulables, tóxicas y volátiles son transmitidas mediante la cadena alimenticia en la que el ser humano está al final, causa por la que recibe concentraciones más altas. Las consecuencias para la salud son sumamente graves. En el humano puede aparecer cáncer en la piel, cataratas y cambios en el sistema inmunológico. La dioxina es carcinógena y altamente tóxica para el ser humano perjudican al sistema inmunoló- gico y alteran el sistema hormonal.

El unicel es un material plástico celular y rígido creado a partir del moldeo de perlas preexpandidas de poliestireno expandible o uno de sus copolímeros, que presenta una estructura celular cerrada y rellena de aire.

 

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La gran oferta de vasos, platos, cubiertos, charolas, contendedores, servilletas, popotes y bolsas compostables, ayuda a disminuir el alto impacto de desechos que genera la industria de alimentos. Estos artículos son elaborados generalmente con tres materias primas: fécula y polímero de maíz, caña de azúcar y bambú. Los desechables biodegradables tardan en descomponerse alrededor de tres meses, los que son derivados del maíz; en cuatro meses, los de caña de azúcar, y hasta seis o nueve meses los del bambú, todos convirtiéndose en. El unicel es un producto muy contaminante, que no se descompone ni se integra a la naturaleza.

Pero no solo este material pretende acabar con nuestra ecología, hay muchos otros como el plástico y sus derivados que van en detrimento de toda clase de vida. De ahí que muchas empresas han decidido acogerse bajo el término de empresas socialmente responsable para dar o crear una serie de soluciones a problemas que ponen en riesgo nuestro planeta y todo lo que hay en él. Para estas empresas encontrar productos que causen menor impacto en la ecología es importante, por ello han empezado a lanzar al mercado productos biodegradables que representan una opción favorecedora para la reducción de desechos sólidos en las grandes urbes. En diversos sectores industriales, y principalmente en el segmento foodservice, el uso de productos desechables biodegradables resulta una excelente oportunidad de negocio.

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composta para la tierra, gracias a que son recursos altamente renovables que se degradan al 100% ayudando con esto a disminuir los residuos inorgánicos. Con una amplia gama de presentaciones, modelos y capacidades para las más diversas aplicaciones dentro de las necesidades de su negocio, este tipo de recipientes son ideales para servir alimentos o bebidas frías o calientes. Debido a sus componentes, pueden utilizarse en microondas al resistir temperaturas de hasta 120° centígrados o mantenerse en refrigeración sin que el envase presente algún daño o se altere el sabor de los alimentos.

Estos desechables son duraderos, atractivos y fáciles de usar, porque no se reblandecen, rasgan o rompen, ya que están recubiertos con una película virgen de fécula de maíz que los hace apropiados para cubrir las condiciones de trabajo que se presenten en restaurantes, hoteles, cafeterías, comedores y hospitales. Permiten, además, conservar la comida, independientemente de la clase de alimentos que se sirvan, garantizando su calidad y preservando el medio ambiente, debido a que se elimina el consumo de productos fabricados de poliestireno que, como ya dijimos, tardan en descomponerse cientos de años.

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Debido a que la producción de desechables convencionales es un proceso que conlleva diversos componentes químicos para su fabricación, aprovechar la fécula de maíz como materia prima impulsaría un cambio paulatino en el consumo de plásticos y derivados del petróleo, por productos orgánicos que generen una producción sustentable. Actualmente en Europa como en muchos países existe una clara preocupación por generar ese cambio paulatino, por lo que defensores del medio ambiente y la Organización Mundial de la Salud, promueven intensas campañas para disminuir el uso del PVC y productos de poliestireno en el empaque de los alimentos, e incluso se ha recomendado a las embotelladoras de agua usar otro tipo de envases, pues de seguir consumiendo estos productos, como hasta ahora, habría serios problemas de salud pública y costos enormes para el Estado.

Costos vs demanda

El camino es difícil, pues a pesar de que los desechables biodegradables brindan muchos beneficios tanto a la salud como al medio ambiente, la desventaja es su alto costo comparado con los productos convencionales, sin embargo, esto no ha desalentado a empresarios que están comprometidos con la creación de un negocio sustentable. La razón principal de este elevado costo es, además de la poca demanda y disponibilidad en el mercado, que la materia prima y el proceso de fabricación son caros y diferentes a los de los desechables convencionales, lo cual retrasa la práctica de utilizar productos ecológicos 100% sustentables.

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En México se podría realizar el proceso de fabricación, ya que contamos con la materia prima y esto abarataría los costos de producción. Es necesario cambiar el hábito del consumo de estos nocivos productos para preservar lo que tan celosamente llamamos “nuestro planeta”, esperemos que en un futuro inmediato estos productos biodegradables se produzcan a nivel nacional.

Industria desechable biodegradable

En nuestro país son pocos y jóvenes los distribuidores de estos productos en el mercado, lo cual ha influido en su escasa presencia en la industria alimenticia y en los anaqueles de las tiendas mayoristas y de autoservicio. Sin embargo, se han abierto camino en mercados alternos con productos para el cuidado personal como cepillos dentales, peines y rastrillos, fabricados de fécula de maíz. Muestra de la importancia de este tipo de medidas en la industria es que en California se aprobó una ley que establece que todos los restaurantes y comercios que ofrezcan comida para llevar tienen que usar productos biodegradables, quedando prohibido el uso de unicel y plástico. A partir de esta práctica se espera que se apruebe una iniciativa similar en México para extender este hábito dentro de la industria, un aspecto importante para los empresarios restauranteros y hoteleros es la imagen que proyectan ante sus clientes y hacerse responsables de todos los procesos que se generan en su negocio es la mejor imagen y el valor agregado que un negocio puede proyectar. En este sentido, “un restaurante que entrega la comida en unicel denota que no está preocupado por su comensal y que busca abaratar sus costos antes de ofrecer calidad. Además, los clientes podrían pensar que el restaurante también está ahorrando en insumos y esto daría qué pensar en la calidad de la comida”. La industria alimenticia quizá sea una de las más competidas, pero un área de oportunidad para cualquier restaurante de calidad es ofrecer productos y servicios de calidad a sus clientes, esto incluye su forma de empacar los alimentos, seguro esto también contribuye al deseo de volver a consumir en su establecimiento. Por último, habrá que recordar que la protección de la salud y del medio ambiente se ha convertido en un asunto de política pública de naturaleza regulativa, en la que el Estado tiene la última palabra, no existe una legislación ambiental que nos deje ver que esta institución esté haciendo su mejor trabajo, por lo que tenemos que sumar esfuerzos si queremos preservar la vida en general.

 

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